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Capítulo VI- Crisis de convivencia

Capítulo VII- La familia y los amigos
03/03/2016
Capítulo V – Mañana se lo digo a los niños
03/03/2016

Tarde o temprano tenía que ocurrir. La convivencia se estaba deteriorando. El empeño de Carmen de no aceptar una situación que estaba afectando a su carácter y mi empeño en tratar que lo aceptara, estaba deteriorando la relación familiar.

Su carácter era cada vez más irascible, discutíamos por cualquier cosa durante mucho tiempo.

Muchas veces para no discutir, evitaba la confrontación y aceptaba cosas que sabía que no debería aceptar.

En esos momentos no sabía dónde estaba la linea, cada vez estaba más baja y se atravesaba con facilidad.

Fué en el verano de 2011 cuando todo empezó a saltar por los aires. La medicación que estaba tomando le controlaba los movimientos involuntarios pero le producía un efecto negativo en su carácter, hablando sin parar a lo largo de todo el día y repitiendo las cosas que ya había dicho y en desacuerdo con todo lo que le rodeaba.

A todos nos estaba afectando esta situación.


Los niños no soportaban la presión de su madre, ella estaba enfadada con el mundo constantemente y yo no sabía qué hacer.


Me encontraba en el medio de la tormenta y cada vez, la relación se iba deteriorando un poco más.

Recuerdo ese verano como una auténtica pesadilla.

Fueron muchas llamadas, tanto a su familia como a la mía para tratar de encontrar una solución.

Carmen ya estaba en tratamiento con medicación para controlar los movimientos, pero su carácter cada vez era más áspero y el enfrentamiento con nosotros y con el mundo ya era generalizado.

Fue entonces cuando decidí tomar una decisión, meditada, pero sin saber muy bien cual sería el resultado.

Le planteé a Carmen mi visión de lo que estaba ocurriendo y le dije que ante esta situación, mientras ella no aceptara que también era necesario tratar la parte emocional, yo no iba a colaborar con ella en nada.

Les conté a mis hijos lo que habíamos hablado y propuse una solución transitoria:  aprovechando nuestro paso por Madrid, nos íbamos a tomar un periodo de reflexión. Ella se quedaría con su familia en Madrid (madre y hermano) y nosotros tres volveríamos a Sevilla.

Lo recuerdo como un momento duro, difícil y realizado con la cabeza más que con el corazón.

Mi pretensión era que la situación explotara de alguna manera y que Carmen pudiera enfocar su situación con el apoyo de todos y no negando una realidad que resultaba evidente.

Su familia aceptó la situación e iban a tratar de colaborar todo lo posible para que se solucionara este problema.

Nos volvimos a Sevilla con una sensación nueva para todos. Los niños se sentían liberados de la presión continua  y yo no sabía cómo iba a resultar todo esto.

Todos queríamos estar con ella pero no en esas condiciones.

Una vez lanzado el órdago me tocaba ser consecuente con lo que había planteado, y esperar a ver cómo reaccionaba. Confiaba en mis cartas pero desconocía como eran las de Carmen.

Fueron dos semanas de continuas llamadas telefónicas con su familia para ver como estaba reaccionando.

Al principio no hubo problema ya que Carmen actuaba como si no hubiera pasado nada, pero poco a poco fue hablando con su familia y su disposición comenzó a ser favorable a ir al médico para tratar los problemas de carácter que nos estaban afectando y aceptar las consignas que nos dijera.

Después de dos semanas, por fin hablamos, yo no estaba dispuesto a hacer concesiones en este aspecto y Carmen aceptó el nuevo escenario.

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