
Hace un par de meses, una caída me provocó una fractura del brazo que requirió intervención quirúrgica y me encuentro en estos momentos en un lento proceso de recuperación.
Cuando aparece una situación imprevista, no queda más remedio que adaptarse, pero tengo que reconocer que ésta, me está costando.
Esa circunstancia me obligó a cambiar mis esquemas de la noche a la mañana.
Llevar muchos años como cuidador y organizar la vida alrededor de esos cuidados: trabajo, horarios, rutinas, ocio, necesidades diarias, al final resulta que es un estilo de vida.
No solo iba a ser yo quien necesitaba ser cuidado, sino que, además, no iba a poder ayudar a Carmen en todo lo referente a levantarla, acostarla, ponerla en la silla de ruedas o recolocar su postura por la noche. Fui consciente de esta situación justo en el momento de entrar en el quirófano y me produjo un berrinche que los médicos pensaban que en realidad no me quería operar.
En mi cabeza las cuentas eran sencillas, un mes para que suelde el hueso y otro mes de rehabilitación. En un par de meses, listo y vuelta a mi actividad normal. ¡Qué inocente! Ni el hueso está consolidado, ni puedo hacer todavía ejercicios de fuerza. No se me había ocurrido negociar con la naturaleza que como es sabia, me hizo ver la realidad y es ella la que marca los plazos. A mi edad, el proceso va más lento de lo que yo esperaba.
Por un lado, está la preocupación de organizar los cuidados de Carmen y por otro la impotencia de querer hacer cosas y no poder.
Es curioso como cambian las cosas. De tener absoluta independencia y capacidad de decisión a escuchar: “no hagas eso”, “yo te lo traigo”, “ya lo hago yo” y sobre todo a entender, desarrollar, asimilar y apreciar la palabra más repetida en todo este tiempo: PACIENCIA.
Si antes ya la tenía desarrollada, ahora estoy haciendo un máster.
Siendo cuidador, cuesta pedir ayuda. Una vez superada esa barrera, aprendes a valorar el magnífico entorno que tenemos. Nuestros hijos y las personas que habitualmente nos ayudan están respondiendo de maravilla y los amigos siempre dispuestos a echar una mano en lo que sea necesario. Por fortuna, hemos conseguido que Carmen sea la menos afectada por esta situación.
A veces, es bueno parar, desacelerar y aceptar que no podemos con todo y comprobar que la vida sigue. Delegar, confiar en los demás, aprender a pedir ayuda, dejar que otros colaboren y entender que las cosas se pueden hacer de diferentes maneras. Sienta bien que te cuiden.
Dejarse cuidar es un proceso. Cuidarse también es una manera de cuidar.